7 de abril de 2010

Episodio I. En el que a todas les da por hablar de sí mismas.

1.1: La Perverteca.

-¡Ojete!

Eso es lo que dijo Xesta.
Xesta está sentada en el desvencijado butacón nº 2 del vertedero que Random tiene por salón. Está mirando armaduras samurái en google, quién sabe porqué.
Random está en la mesa, ofuscada al darse cuenta de que su tecla Q tiene una miga debajo y no escribe bien.
Y Simona permanece al otro lado del salón, en el desvencijado butacón nº 1, del que se ha apropiado hace meses, bufándole a cualquiera que se acerque. Y eso que no sabe bufar.
Suena una canción de Bonnie Tyler, a pesar de que a ninguna de las tres les gusta Bonnie Tyler.
Random profiere un grito de rabia porque su tecla Q sigue sin funcionar, pero Xesta le enseña una armadura samurái para gatos que acaba de encontrar, y hay gran regocijo general. Eso me recuerda (a mí, a Random) la película que vimos ayer, no sé qué de la flor dorada. ¿Por qué quería el emperador chino del palacio psicodélico envenenar a su mujer? ¿Y por qué acaban muriendo todos menos ella? Y más importante aun, ¿por qué me preocupo por estas chorradas cuando debería estar haciendo trabajos para clase T_T?

Es de noche, se aburren, y deciden salir a tomar algo. Sí, hay trabajo que hacer. ¿A quién le importa? La tecla Q sigue sin funcionar.
Deciden ir a la Perverteca, un café/bar/sex-shop que es a la vez gótico, metalero, hippie y medio gay. Algo así como el paraíso. Un lugar sórdido, oscuro y feliz. También hay libros y pornografía, juegos de rol en vivo, una piscina de bolas de colores, un invernadero de marihuana, y un señor sempiternamente sentado en una esquina que, según algunas fuentes, no es otro que Elvis Presley.
Simone se ríe, pensando en el bondage. Pero Xesta le recuerda que a Random le dan miedo las agujas, y cambian de tema, a pesar de que, que yo sepa, el bondage no tiene que ver con agujas. Piden absenta. Absenta verde psicodélica. En la Perverteca suena un eterno solo de guitarra de Ritchie Blackmore.

Y entonces, por fin, pasa algo. Elvis está leyendo el periódico que reparten gratis en la calle, el De Luns a Venres. En la portada, hablan de la famosa serie de asesinatos que están teniendo lugar en Vedraville desde hace un par de semanas. A Random le duele la vena de la frente.
No sabe porqué, pero cada vez que ve u oye algo sobre esa serie de asesinatos, le duele la vena de la frente, y en su cabeza suena Lollipop, de The Chordettes.
Probablemente la canción más enfermiza de la historia. Recuerdo haberle oído decir una vez a Xesta que todo es muchísimo más enfermizo con esa canción sonando de fondo. Y hasta juraría que es la que pone cuando le hace autopsias a sus peces. Como si Xesta pudiese ser más enfermiza de lo que ya es.
Sim saca a Random de sus tribulaciones preguntándole a Xesta si le gustan las sandías. Ella contesta que sí, y Sim le dice que a partir de ahora dejarán de gustarle. Estarán hablando de yuri otra vez, así que Random desconecta de la conversación. ¿Qué tienen que ver la ola de asesinatos con Lollipop, con sus jaquecas, y con la tecla Q estropeada?
Aparece en la pantalla un directo de Stairway to Heaven. Random se olvida de su hilo de pensamientos. Hmmmm… Robert Plant de joven *.*

Mientras tanto, Jirafa Moribunda está haciendo llorar a un par de emos en una esquina. ¿Emos en la Perverteca? Ya he visto de todo…
Veo que Sim está tomando notas. ¿Seguirá planeando su cruel venganza hacia Xesta? Pobre Simona, cree que nadie se ha enterado de sus planes. A veces me dan ganas de darle un beso en la cabeza por lo entrañable que me resultan sus burdos intentos de asesinato. Una risa cruel suena en mi cabeza. Si yo quisiera matar a Xesta, lo habría hecho hace mucho y nadie se enteraría. Yo misma mataría a Xesta si Sim me lo pidiera, pero supongo que es una cuestión de honor. Además, Xesta me cae bien.
Da igual, la única cabeza que quiero besar ahora es la de Robert.
Elvis, que en realidad se parece más bien a un Lemmy Kilmister obeso y de resaca, le comenta al de al lado que el asesino de Vedraville es un hijo de puta desaprensivo que merece morir. En mi cabeza, una voz ríe a carcajadas, con Lollipop de fondo, golpeándome la vena de frente.
Xesta vuelve a la mesa.
- Malditos emos…
- Xa… –le contesta Sim, tratando de ser condescendiente.
- No hablaba contigo…- Xesta levanta su mano, donde un calcetín con botones a modo de ojos y una peluca de lana negra nos mira mal.
- Tienes razón Xesta, esos malditos emos merecen morir- dice Katia, con la voz modulada de Xesta.

A Random le da la risa. Pide más absenta, y cruasanes. La Perverteca debe de ser la única tasca del mundo donde ponen cruasanes.
Suena Sweet Travestite. Xesta y Katia bailan. Simone sigue escribiendo sus hipotéticos asesinatos. Random desaparece.